el 17-03-2010
SI ROSAS VIVIERA
Allá por los años ’70, cuando los montoneros empezaban a descarriar el camino y, contrariando el primer mandamiento de toda fuerza combatiente irregular, se alejaban del pueblo al romper con su Líder, entre los cánticos usuales de su particular poética, incluyeron uno que decía:
Si Evita viviera, sería montonera.
Secretamente, reclamaban a la Abanderada de los humildes que eligiera por ellos, los hijos adolescentes enojados con el padre, y que se divorciara del General. Más adelante, un aciago 1º de mayo, corearon y silbaron en la Plaza, como exigiendo que se alejara de su tercera esposa, lo que los transformaba en abanderados del divorcio peroniano.
Pero no la conocían bien a Evita y, seguramente, de haber vivido, habría permanecido a toda costa junto al Conductor.
En estos días han aparecido afiches en el centro de Buenos Aires que, así como los partizanos especulaban con la conducta de una añorada ausente, otros lo pretenden hacerlo con el Gaucho de los Cerrillos. Igual que los montos con Eva Perón, estos se suponen con derecho a interpretar una imaginada voluntad de Don Juan Manuel.
Estos exégetas suelen reclutarse entre lo que Perón llamaba “los piantavotos de Felipe II”, que alguna vez han tenido su utilidad frente al pensar de algunos “progres” semi analfabetos que siguen pensando que Perón era un admirador del III Reich, pero como hoy no se atreven a descalificarlo a él, centran sus dardos en otros “totalitarios” como José María Rosa y Fermín Chávez. Sus alaridos de hoy ayudan a demostrar de que lado han estado siempre los delirantes de los que fueran emblema Giordano Bruno Genta o Julio Meinvielle, que suponían que el peronismo era la puerta de entrada al infierno rojo.
Estos personajes, que al decir de Fermín Chávez siguen lamentando haber perdido la 2ª Guerra Mundial, siempre fueron coherentes. Apoyaron a Uriburu para terminar facilitando el pacto Roca-Runciman, lo hicieron con Lonardi para concluir promoviendo los fusilamientos de junio, siguieron a Onganía para llevar adelante las políticas de Krieger Vassena, y se ensangrentaron con Videla y Massera para que Martínez de Hoz arrasara con la Argentina industrial que conservaba algún resabio de justicia social.
Paralelamente, otros argentinos llenos de defectos, jugaron para el otro equipo. Parafraseando a Raúl Scalabrini Ortiz en aquello de no comparar a Perón con los arcángeles, sino con Pinedo, hoy se trata de no comparar a Cristina Kirchner con la Madre Teresa de Calcuta, sino con Carlos Méndez.
Es que no todos entienden por donde pasa la Historia. El rojo Pepe Rosa –visitó Cuba y conversó con Fidel Castro y con el Che Guevara- recordaba que el 17 de octubre algunos nacionalistas comprendieron que el que ocupaba la Plaza “No era una entelequia: era algo real y vivo, era el pueblo, era mi pueblo, el pueblo argentino”, mientras que otros se quedaron para siempre mirando desde las arcadas del Cabildo.
Pero puestos a imaginar conductas; el defensor de la Soberanía ¿no habría estado satisfecho con la defensa de la soberanía financiera produciendo la reducción histórica de las cadenas financieras más importante de la historia? ¿No fomentó la industria nacional, contra el monocultivo, siendo el mismo un terrateniente? ¿No presionó, acaso, con los intereses de los acreedores privados británicos usándolos como arma que debilitara el frente interno del Imperio, cuando la agresión de Obligado?¿No hubiera hecho descolgar del Colegio Militar el retrato del asesino por mi orden Juan Lavalle. ¿No hubiera mandado a juicio –si que con menos garantías que las del derecho del siglo XXI- a los militares que produjeron el fenómeno demográfico de que en un año sin pestes ni epidemias el número de muertes superaran a los nacimientos en la provincia de Buenos Aires?
Tal vez no hubiera sido tan cuidadoso –en aquellos tiempos violentos- para evitar reprimir el conflicto social. ¡Gobernó en la primera mitad del siglo XIX! Pero, la chusma suburbana los negros de las naciones que adoraban al gaucho rubio que los comprendía, difícilmente se hubieran sumado a las protestas de los Rivadavia, Carrió, Sarmiento, Macri, Echeverría, el corajudo Morales, el falsario Rivera Indarte, el amigo de lo mejor y enemigo de lo bueno Solanas o el economista de pacotilla y consejero de asesinos Carril.. Tenían demasiado olor a pueblo. A aquel pueblo que el estanciero Rosas definía ante el apriete del ministro inglés: “No hay aristocracia en este país donde pueda apoyarse un gobierno: la opinión pública y las masas lo gobiernan.”
¿Se hubiera escandalizado con un matrimonio presidencial, él que no tuvo mejor colaboradora, tan política como él, que su mujer Encarnación Ezcurra? Uno no tiene, en realidad, derecho a especular con lo que hubiera hecho hoy un hombre de entonces. Aunque fuera patriota y popular como algunos conductores –y conductoras- de nuestro tiempo.
¿Quien es uno para arriesgar esas opiniones ahistóricas? Pero aquí, entre nosotros, y sin que nadie se entere, les aseguro que yo creo que si Rosas viviera
SERÍA KIRCHNERISTA
Enrique Manson
Marzo de 2010
